30 10月, 2009



Actualizado: 29 de octubre de 2009, 1:30 EDT Text : ESPN DEPORTES
El infierno está encantador
Independiente venció a Colón en la renauguración del estadio Libertadores de América

BUENOS AIRES -- Orgullo. Desde muy temprano, en cada rincón de Avellaneda se palpaba en el aire una sensación que desde hace rato no experimentaban los hinchas de ninguno de los dos equipos de esa ciudad. Miles de personas con el pecho inflado y una sonrisa en el rostro llegaron a lo que sería una fiesta inolvidable, un día perfecto en el infierno.

Estadio Libertadores de América

Una hora antes del comienzo del vital choque de Independiente ante Colón, las renovadas tribunas del estadio de Alsina y Bochini ya estaban repletas de simpatizantes ansiosos por volver a casa. Tras dos años y diez meses de peregrinación, había que acortar lo máximo posible la espera por el regreso al hogar, entonces la cita se adelantó, y varios minutos antes del inicio del partido ya había 35 mil almas estrenando a puro grito la nueva casa.

El estadio Libertadores de América ya tiene identidad. Y no es la que heredó de la vieja Doble visera, sino una propia, genuina, porque no hay ninguna otra cancha semejante en Argentina. Su estilo inglés y su comodidad son dos de las características principales, aunque a nadie le importó aquella frase que se escuchó en la tribuna de socios: "es el Old Trafford sudamericano". Y no importó porque lo que realmente valía era tener un sitio del cual sentirse orgullosos. Ahora lo tienen, y ya lo disfrutan.

De todas maneras, hay algo que no se puede ocultar: las similitudes con el estadio del Manchester United son varias y evidentes. El rojo ocupa la mayor parte de las escena, no hay foso ni alambrado en las plateas y la entrada de los jugadores se hace por el medio del campo de juego. Ahora sólo queda comenzar a ganar títulos para emular al equipo de Ferguson.

Los jugadores salieron a la cancha con las quince copas ganadas a lo largo de la historia, como para que el hormigón conociera toda la gloria que albergará. Una murga multitudinaria animó la fiesta previa y con la salida del plantel se terminó la ansiedad. Cayeron miles de serpentinas por primera vez en ese césped recién plantado y la pelota comenzó a rodar en el Libertadores de América.

El rival no era sólo un invitado de honor a la celebración. Colón llegaba como puntero del campeonato y si el conjunto de Américo Gallego quería mantenerse en la lucha por el título debía descontarle tres puntos. Así lo entendió el equipo local, que fue el protagonista del juego, de principio a fin.

Aunque no fue una actuación para el recuerdo, Independiente hizo lo que debía y comenzó muy bien su historia en la renovada casa. Ganó, marcó tres goles y quedó a tres puntos de los líderes del Apertura.

Triunfó porque tuvo en Ignacio Piatti a un jugador inteligente, rápido y preciso. Cada vez que el balón pasaba por sus pies, el local crecía, se hacía gigante. Fue el hombre más claro de la cancha y el que más inquietó a la extrañamente frágil defensa santafesina.

Piatti

El antiguo jugador de Gimnasia jugó suelto, aunque no de enganche. Acompañó a Silvera en la ofensiva, una función a la que no estaba acostumbrado pero que supo cumplir a la perfección. Fue nexo entre los mediocampistas y el ataque y llegó al área varias veces.

A los doce minutos de la primera etapa Andrés Silvera, el hombre más aplaudido por la parcialidad roja, anotó el primer gol en la nueva era del club de Avellaneda. Todo era perfecto, el ídolo hacía temblar por primera vez aquellas redes y la gente ya se sacaba los zapatos en el flamante hogar.

Luego, hubo más desconcierto que certezas y recién en el epílogo del primer tiempo, unos minutos después de que Federico Nieto amargara por un momento a los hinchas de Independiente, Patricio Rodríguez y Piatti se encontraron y armaron la mejor jugada del partido. El mediocampista definió cruzado y puso el 2-1 cuando más se necesitaba.

El segundo fue casi una frutilla al postre. Eludió al seguro arquero de Colón y decretó el 3-1 que hizo delirar aún más a la ya excitada hinchada roja. La ovación cayó por primera vez desde la triple visera y Piatti se llevó un recuerdo imborrable: fue la gran figura en la reinauguración del primer estadio de cemento de Latinoamérica.

¿Colón? Fue una sombra del equipo sólido que llegaba a una fiesta ajena como el gran villano que quería robarse el pastel. Bertoglio no gravitó, la defensa sufrió demasiado y Fuertes fue expulsado en el inicio del complemento. Muchos errores para un equipo que quiere ganar el primer título de su historia.

Por primera vez en mucho tiempo, Independiente vivió un día perfecto, inolvidable. Después de casi tres años, volvió a su hogar. Lo encontró renovado, brillante, lleno de esperanza en un futuro de gloria. Ese porvenir comenzó este miércoles con un triunfo que vuelve a dejar al equipo entre los mejores. Al fin y al cabo, eso es lo que importa. A esto vinieron esos orgullosos hinchas de pecho inflado y sonrisa en los labios.