10 12月, 2009



00:00 | INDEPENDIENTE 1 - ARGENTINOS 1 Text : Olé
¡Negro!
La última bola del Apertura al Rojo le salió al revés.
Pese a que estuvo ahí de ganar, sin muchos merecimientos, se le escapó en la hora y ya es historia el sueño de la Copa.



Fue a la tercera oportunidad de Gandín cuando Independiente pudo gritar, sacarse de encima el estigma de no ganar los partidos que tiene que ganar. Y, ahora todos más tranquilos, pensar en un tropiezo de Newell's para soñar con lo que ya no es un milagro: el ingreso a la Libertadores. Pero antes. Antes... Ay, Independiente...

Es curioso que un primer tiempo en el que los dos cincos juegan con tanto criterio, salga tan flojo. Pero las explicaciones no son muy complicadas: se encuentran en todos los demás. Y en dos atajadas monumentales, la de Gabbarini a Hauche y la de Peric al cabezazo a quemarropa de Silvera. Entonces, bien los cinco, bien los arqueros y una jugada cada uno. Vuelven las curiosidades, ya que ambos quisieron ir a buscar, no especularon. Y así y todo, apenas llegaron. Argentinos por falta de compañía. Con Pavlovich desconectado y Coria un tanto retrasado, no hubo socios para lo que Hauche pudiera inventar. Lo de Independiente pasó por otro lado. Por el excesivo traslado de Busse, de Gandín y del Patito. Ninguno tomó como ejemplo a Avecedo: toco y voy, toco y me muestro, toco para un lado y después para el otro. Simpleza efectiva. En la única que Patito encaró como debía, por la banda y no yéndose para adentro, Silvera tuvo el gol servido. En el otro sector, sucedió lo mismo con Busse, quien vivió cerrándose. Eso provocó el peor error de Independiente. Transformó a Tuzzio y sus limitaciones ofensivas en el socio de Gómez. Por lo tanto, Gómez no sólo no tuvo socios sino que el último pase antes del gol, lo debió dar Tuzzio... Los accesos a la red fueron tan absurdos como los de la cancha, que pretende (todavía está lejísimos) ser de primer mundo, pero hasta llegar a la butaca... Lo mismo que Independiente para llegar al gol.

No resolvió casi nada Gallego en el descanso. Tal vez le dio una mano Argentinos, que se fue olvidando de atacar y dejó que la cancha se inclinara para el lado de Peric. Eso siempre es un riesgo, como en la segunda clara que tuvo Independiente. No hubo armado de jugada, no hubo sociedades ni nada, pero por un fallo en un despeje, la pelota le cayó a Gandín. Obnubilado como el equipo, el Chipi definió al medio del arco. Y a la siguiente, quiso encarar y se olvidó la pelota. Pero a la tercera fue la vencida. Y fue fiesta. Pero después. Después... Ay, Independiente...

Tanto le había costado encontrar ese gol, que fue como si se olvidara de que al partido todavía le quedaba un rato. Un rato suficiente para que Argentinos, que había obviado atacar en la última media hora, volviera a hacerlo para empatar. Un resbalón de Acevedo, el mejor hasta ahí, fue el resbalón de todo Independiente. El fin de un sueño, que fue lindo mientras duró.