22 12月, 2010



実は...まだ有りました^^; CAMPEON記念のインタビュー記事をOléから♪

Vueltas a la madrugada
10-12-2010 | Olé


Olé vio el festejo íntimo del campeón en el vestuario, en el campo en penumbras y en la calle. “Un minuto de silencio...”.
"De tratar de lograr, ser la revancha de todos aquellos que la pelearon al lado, de cerca o muy lejos y no pudieron reír sin llorar”.

No estaba aislado Andrés Silvera: le daba la espalda al grupo porque estaba a cargo de la musicalización del vestuario, para que desde los parlantes volviera a sonar el tema de Callejeros Rocanroles sin destino, uno de los himnos del plantel campeón y cuyo estribillo, se vio, representa un sentimiento. Y como el partido terminó en jueves, la fiesta se internó en lo profundo de la madrugada y el amanecer los sorprendió “cenando” en el Intercontinental.

Fue el corolario de la trasnoche más feliz. Dentro del vestuario, con gente aún en las tribunas, ellos construían la dedicatoria para los pseudos hinchas del Goiás. “Racing, decime qué se siente, que la Libertadores, la juega Independiente”, sonaba en los vestidores. Y las paredes se descascaraban con gritos, música y un aire descontracturante, que sin embargo no consiguió que Eduardo Tuzzio se quitara la ropa de jugador. Y eso que desfilaban Walter Busse con la máscara del Diablo que mostró en un par de clásicos. Y Patito Rodríguez hacía notas para la tele. Y todos bailaban en círculo, alrededor de la Copa, en una danza casi tribal.

Fue por ello que entre vestigios de globos, papelitos y serpentinas, ellos, a la 1.40 del jueves, salieron otra vez a dar “su” vuelta olímpica, con Olé como testigo. Gustavo Lema, ayudante del Turco, peregrinó sólo vestido con una toalla. Muchos jugadores, en calzoncillos. El templo, en semipenumbra, se llenaba con más dedicatorias. “Un minuto de silencioooooo... shhhh... ¡Para Racing que está muerto!”. Y se abalanzaron sobre el trofeo. Y lo adoraron.

¿Final? Para nada. Partieron en micro hacia la concentración. Pispearon cómo los hinchas hacían suya Avellaneda cortando Mitre y en el Obelisco se toparon con otra fiesta popular. Ahí, muchos se subieron al techo del ómnibus (que no era cabriolet...) y armaron su batucada. Del Libertadores salieron a las 2.30; al Intercontinental llegaron a las 5. No hubo, parece, más excesos que la euforia. “Tomé champagne, pero había una botella para 30. Y una cervecita”, se quejó Parra. Y Patricio Rodríguez contó: “Casi no dormí, pero estoy más cansado que dolorido”. No corrió mucho alcohol, sí, pero la resaca del campeón se les nota. Y les encanta.